Este año se cumplen 25 años del suicidio de Kurt Cobain, un suceso que enlutó la escena musical a nivel mundial, y que dejó para siempre un hueco en la historia de la música que nadie ha podido tapar, hoy recordamos su legado y su muerte, por ser —aún en esos días— un hito, un loco y un soñador en la música.

Los Derechos de Autor, contemplados en el artículo 822 como decreto legislativo, respeta y justifica legalmente el reconocimiento de todas aquellas obras de valor intelectual que generan un bien en común a cualquier usuario, y le dan el derecho y facultades especiales para toda clase de autores e inventores en materias de valor intelectual.

Existe también un reducido grupo de artistas, que por cosas del destino tuvieron que ser íntegros y congruentes con su talento, este es el caso de Axl Rose, un artista que vale la pena considerar por lo que representa: una de las últimas estrellas del rock.

La mayoría de personas siempre relaciona la fama con la popularidad de manera semejante. Las imágenes expuestas y proyectadas por la industria del entretenimiento a través de los tiempos, en diferentes artistas y expositores del arte, han cosechado siempre admiración y encanto para las masas, asimilando que la fama y la popularidad son consecuencia una de otra, pero ¿hasta qué grado puede haber un parentesco familiar y natural entre ellas, para que la carrera de un artista con relación al público pueda llegar a buen puerto?

Jim Morrison, considerado por muchos artistas más poeta que músico, cuenta en su biografía que de niño fue poseído por el espíritu de un indio que vio fallecer en un viaje familiar por la carretera, y tal parece que aquel niño paseaba su mente entre la curiosidad y lo sobrenatural, demostrando desde muy joven su gran imaginación y pasión por la lectura, característica necesaria de todo buen escritor, además de su alto coeficiente intelectual, según palabras de su entorno más cercano.

Pagar por un bien, servicio o beneficio propio es algo habitual en el mundo en que vivimos, por lo que hablar de payola es algo delicado pero también necesario, pues hay límites que deben respetarse. Se puede entender que si un artista tiene posibilidades económicas para promocionarse mejor en medios, lo hará, es justo y necesario; lo cuestionable viene cuando el talento promocionado con dinero por lo bajo no aporta nada bueno ni nuevo a la sociedad, y en cambio sí sirve para bajarles el piso a otros artistas que suponen una competencia.


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