Enrique Falcón es uno de los nietos herederos de la pasión más grande de su abuelo, Abraham Falcón: la lutería. Y hoy nos cuenta su experiencia como aprendiz de lutier, aprendiendo, haciendo y siguiendo el camino que su abuelo anduvo toda su vida; también nos cuenta de las vivencias de Don Abraham en su juventud y, lo que representa el nombre Falcón, como constructores de guitarras, en el mundo entero.

Enrique, ¿Cómo nace la marca de guitarras Falcón, si tu abuelo Abraham, hacía guitarras para diversas tiendas?

Mi abuelo inicia en el año 1946. Mi familia era de campo inicialmente, sus padres, e incluso sus hermanos, se dedicaban a la agricultura. Sin embargo, un año que fue muy malo por el tema de agua, mi abuelo tenía un conocido que tenía una carpintería y, comenzó a ir porque quería ser carpintero. Lamentablemente esta persona no le enseñó, hubo problemas. Cuando él ya tenía su primer hijo —imagínate con 22 años y un hijo a quien mantener— tenía que hacerse de una profesión. Entonces, llega un primo de él de Chachapoyas —Arquímedes Noriega— y le dice “oye, Abraham, ¿por qué no te pones a hacer guitarras?” y él le dice “cómo voy a hacer guitarras si ni siquiera soy carpintero”. (Risas). Entonces, el primo le dice “oye, yo toco la guitarra y he visto en otros talleres como lo hacen; te puedo dar las pautas para que más o menos tu armes”. Y es así, pues, que un 12 de octubre, de las orillas del río Palpa, consigue un tronco seco —me imagino que sería huarango, que en esa zona de Ica crecen mucho— y de ahí salen las 12 primeras guitarras Falcón. Inicialmente no se llamaba guitarras Falcón, se llamaba Guitarras Peruanas (o Guitarras Nacionales) Abraham Falcón García. El vendía ya en Lima —te hablo entre los años 50 y 60, antes de que él tenga este taller— a casas musicales. Pero ¿qué era lo malo? Que vendía las guitarras no con el sello, sino acabadas, y la casa musical le ponía el sello y decían que eran guitarras españolas y las hacían pasar por 300 – 400 soles de la época y mi abuelo, pues, cobraba 60 soles, o sea, una miseria. Entonces, él se da cuenta y dice “no, caramba, no voy a trabajar para terceros, mejor creo mi propia empresa”. Es así que se establece aquí —inicialmente en Jr. Renovación, que es una paralela a esta—. Luego viene aquí, trae a los hermanos, les enseña a los hermanos, consigue mano de obra “calificada”, comienza a ser una especie de pequeña empresa y en los 40 se forma INGUISA – Industria Guitarrera Sociedad Anónima, la cuál fue la primera empresa de guitarras que mi abuelo fundó y una de las primeras empresas en Perú, si no la primera.

 

Enrique Falcón en su taller, mostrando una Guitarra Falcón, modelo Export Peña a la que le están dando los últimos acabados.

Enrique Falcón en su taller, mostrando una Guitarra Falcón, modelo Export Peña a la que le están dando los últimos acabados. Foto: Jorge Fernández.

 

¿Industria de guitarras?

Industria artesanal, por así decirlo, porque todo era hecho mano, pero con un personal de 15-20 personas que habilitaban, construían, terminaban, ponían cuerdas y mi abuelo las traía acá y las vendía.

Entonces antes no estaban en este local, coméntame sobre los espacios

Estamos ubicados en el taller principal desde 1958, año en que mi abuelo Abraham se instala por primera vez en Lima de una manera ya establecida aquí en el Jr. Luna Pizarro 310. El taller consta de tres ambientes. Básicamente el primero es, como puedes ver, de oficinas y atención. La parte preliminar, donde preparamos y ya finalizamos los instrumentos es un segundo ambiente donde se hace el armado, la construcción; y en un tercero, ya el tema de la estética, la preparación de laca, piroxilina y el acabado de las partes finas del instrumento.

La siguiente pregunta tiene que ver con el tema legal. Para ustedes, ¿las guitarras que hacen sus familiares con marcas que usan también el apellido Falcón, resultan competencia desleal?

Definitivamente, porque desde los años ochenta, que los hermanos de mi abuelo se deciden a abrir el negocio y formar su propia tienda, siempre se cogieron de la trayectoria de mi abuelo. Lamentablemente, lo que hoy conocemos como Indecopi no era una entidad fortalecida en aquellos años, entonces, rápidamente tu podías ver copias A, B, C, D de cualquier instrumento o cualquier producto que se vendería en esas épocas, ¿no? Entonces, la batalla legal se fue hasta los años noventa —incluso años dos mil— que mi abuelo les gana los juicios a sus hermanos, prevaleciendo que la etiqueta Falcón —Guitarras Falcón, como se conoce— él la había fundado. Así es que ellos cambian la razón social. Ya no era, pues, Erasmo Falcón, sino Guitarras Erasmo, no utilizando el apellido Falcón que está registrado en Indecopi actualmente. Pero tú sabes cómo es la competencia desleal: te venden por internet Guitarras Falcón que no son, sino otra denominación o incluso no son y a la gente le hacen pagar 200 – 300 soles y uno no puede competir contra esos precios.

¿Y casos de piratería?

Pues, un montón. Por ejemplo, está el caso de Dos de Mayo que te dicen que venden Guitarras Falcón, pero son chinas y les ponen una etiqueta de otra denominación y las hacen pasar como tal. O son guitarras hechas por otro maestro y les dicen “no, son hechas por Falcón”. Como el apellido Falcón muchos lo relacionan con la guitarra y hay un poco de desinformación, de desconocimiento, ya entra un poco a tallar la viveza de estos empresarios, esta gente que trata de usurpar un producto con otro que no tiene calidad, en comparación con lo que hacemos aquí.

La reputación de Guitarras Falcón es conocida en todo el mundo ¿Cómo manejan el tema de exportación?

El tema de exportación ha sido un tema que lo hemos venido trabajando durante unos años atrás. Recién hemos tenido una regeneración de artesanos que trabajan con nosotros. Entonces, estamos tratando de mantener la línea artesanal con una producción que se puede llamar semi-industrial. Ahora, nuestra idea es llegar a competir con otros mercados, pero haciendo guitarras de una gama intermedia-alta. Eso implica una fuerte inversión en lo que es materias primas, mano calificada y el tema de imagen. Ahora, en el mundo encuentras miles de marcas, sin embargo, la tendencia de esas marcas está yendo a hacerlo manufacturado, en industria. Entonces, por ahí puede haber una buena oportunidad de hacer guitarras buenas, a precios competitivos y a la vez cubrir el mercado. Porque —imagínate— abrir las puertas a exportación significa hacer frente a una demanda que tal vez superaría nuestra producción mensual. Hacemos ventas al extranjero, pero esporádicas.

¿A qué países?

Por ejemplo, hace poco tuvimos pedidos de Irlanda del Norte. Más que todo enfocado a Europa. Sudamérica ha pasado a un segundo plano. Más se orienta a Europa y a América del Norte.

En Europa la movida musical está bien interesante, ¿no?

Sí, y muy fuerte. Viene esto de la onda de hacer guitarras tradicionales, artesanales. Entonces, yo creo que por allí estamos empezando a ver una pequeña gran oportunidad, porque tú sabes que el trabajo de nosotros se refleja en el instrumento que vendemos y hacemos. Entonces, yo creo que en algunos años podremos ver fortalecida esa alternativa.

Algo que de repente la mayoría desconoce sobre Falcón, es sobre la variedad de modelos que ofrece.

Básicamente contamos con seis modelos o categorías. La primera de ellas es del tipo Estudio, o tipo principiante, que es la guitarra más económica de nuestra producción y a su vez es la orientada a aquellas personas que se inician en el mundo de la música. Luego tenemos la guitarra modelo Export-Peña, que es una guitarra intermedia con cualidades bastante versátiles entre lo que es música peruana y música tradicional clásica. Luego viene la Semi-profesional, que es una guitarra ya de una categoría superior a las dos primeras, con materiales ochenta por ciento importados, como la tapa armónica de pino báltico alemán y moradillo —familia del palisandro—. Luego vienen las Profesionales, que son de dos tipos —A y B—, hechas en caoba selecta nacional, pino báltico, alternados con diapasón de ébano, palisandro y nogal de los Pirineos. Y nuestra guitarra premium, por así decirlo, es nuestra Guitarra Clásica de Concierto en palisandro de la India o arce avellanado, pino báltico máster y diapasón de ébano.

 

Enrique Falcón mostrando un mástil con el cuello a punto a ser trabajado.

Enrique Falcón mostrando un mástil con el cuello a punto a ser trabajado. Foto: Jorge Fernández.

 

Hay algo que tu abuelo, Don Abraham, decía: “Hay que conversar con la madera”. Una frase romántica y poética. En la parte práctica y técnica ¿cómo se traduce esto?

Mira, con mi abuelo compartí 7 años de convivencias y recién llevo casi dos años haciendo instrumentos, y créeme que es una frase bastante difícil de plasmar porque el “conversar con la madera” significa que tanto madera como hombre sincronicen, y sincronizar, es decir, mentalizarte, concentrarte hasta —yo diría— hacer un pequeño culto durante el proceso de construcción es bien difícil. Una persona no está exenta de sentimientos, del trajín del día a día, del qué pasará aquí y qué pasará allá. Entonces, es difícil abocarse al cien por ciento a un instrumento. Yo creo que, con la experiencia, tal vez en unos 15 – 20 años uno logra ese don, ese adiestramiento de poder conversar con la madera. Ese transmitir es bastante complejo porque no sólo está interactuando tu mente, sino tu alma, tu esencia y lo transmites a través de las manos, de la boca. Ahora, puedes encontrar en internet un montón de gente que se hace llamar lutier y a veces a uno se le sale la sonrisa porque uno dice “¿con 2-3 años reparando un instrumento te consideras lutier?”. Imagínate que mi abuelo con 70 años construyendo guitarras ni se hacía llamar lutier. Entonces yo creo que ahí está el trabajo.

A pesar de ello obtuvo un reconocimiento en Francia como maestro lutier…

Sí, lo denominaron. El compitió desde el año 85 al 87 en Francia en un encuentro internacional de lutieres, o de constructores de guitarra, en el cual obtiene el tercer puesto a nivel mundial. Entonces, es ahí cuando ellos lo categorizan como maestro lutier. Y es el primero en Perú y tal vez en Sudamérica, el primero con esa denominación. Y a su vez, a su guitarra que llegó a exponer allá la denominaron Guitarra Clásica de Concierto – Modelo Peruano. Entonces, hablamos de dos cosas: la terminología de maestro constructor y el modelo que identificaba a Perú. Entonces, esa idea él la transforma en los años noventa-dos mil y patenta —no se si habrás escuchado— la estructura interna de la Guitarra Clásica de Concierto.

Justo te iba a preguntar acerca de eso.

Es la que fomenta o promueve este modelo clásico – Modelo Peruano, que es conocido a nivel mundial como tal.

Ya que estamos abordando el tema: este Modelo Peruano, ¿en qué se diferencia de otros modelos?

Básicamente por el tema de la estructura interna. En una guitarra común, hablamos tal vez de la guitarra española —esto lo estudió él muchísimos años en las guitarras de los Ramírez, las guitarras de Hauser, las guitarras de Torres Jurado, las guitarras de los hermanos Conde, etc.— él vio y determinó que internamente la guitarra no estaba unificada. Quiere decir que no tenía ni los refuerzos, ni las barras armónicas, ni las espinetas unificadas de una manera sistemática concreta. Entonces, él, en la evolución de su construcción durante los años setenta y ochenta, dice “¿por qué una estructura interna —haciendo semejanza a un esqueleto, haciendo semejanza a la construcción de una casa— tiene vigas, columnas, zapatas, todo unificado o amarrado?” Él pasó ese ejemplo a la guitarra. Entonces, comenzó a utilizar las barras armónicas, las espinetas, las cintas de amarre, todo, de tal manera que conformaban uno solo, una estructura sólida. Eso hacía que, uno, la guitarra sea resistente —porque las guitarras antiguas eran muy frágiles, muy débiles— y, número dos, la acústica —al tener una estructura cóncava, sólida, compacta, hacía que el sonido sea directo, veloz, proyectado. Esas dos características ejemplifican lo que es la guitarra Falcón hecha en nuestros talleres.

Es un referente.

Exactamente. Es un referente que, como él muchas veces manifestaba, es un punto de partida para los maestros que quieren ser maestros porque, por ejemplo, si haces la estructura por dentro, toda la unificación, pero no tienes la experiencia de calibrar las maderas, no tienes la experiencia de la colocación de trastes, nivelación, no tienes la experiencia de —lo que te hablaba— conversar con la madera tu porcentaje de nivel, de evolución, va quedando disminuido. O sea, son muchos factores que hacen un todo al final. La suma de los porcentajes te dice si estás a un veinte, treinta, cuarenta, ochenta, o tal vez cien por ciento, que es una de las cosas que a nosotros, tanto a mi padre como a mí y a las personas que vienen trabajando, nos gustaría llegar, a ese punto de inflexión tan alto.

Recuerdo haber escuchado a una músico español decir: “Una buena guitarra es un árbol llorando”. ¿Qué de cierto hay en esto?, tú que vives la experiencia de crear guitarras de cerca.

Créeme que sí. Mira, las mejores maderas, las maderas más selectas, son obtenidas de los troncos más viejos, los troncos más maduros, más añejos, hablamos de árboles de 40-50 metros de altura que son criados de manera estructurada, paulatina, por estos criaderos que hay en Europa básicamente. Creo que la frase de “un árbol llorando” es que toda planta es un ser vivo y al ser cortado, al ser tratado en madera, al ser rebajado, calibrado a medida, uno sigue teniendo esa esencia de ese ser vivo. Entonces, al construir una guitarra o un instrumento en general con esas maderas, con esos sentimientos de ese ser vivo, yo creo que recoges también ese feeling de ese árbol. Ahora, no se si se refiere a llorar como tal, pero yo creo que sí recoges toda esa esencia, esa mística de los árboles.

En 1996 tu abuelo hizo una demostración de la construcción de una guitarra en un solo día en el Centro Cultural Peruano Japonés. ¿Tu padre o tú han repetido la hazaña?

No, mi abuelo era un hombre de retos y, bueno, tenía esa facilidad de ser versátil con ese tipo de cosas. Ahora, tuve la oportunidad de ver algunas partes de lo que él hacía y es una labor bastante compleja, sobre todo porque por el momento no existe un ente, una institución que te pueda alentar a hacer una demostración como esa o hacer una exposición que dure 4-5 días. Es un poco endeble lo que hacen ahorita instituciones como el Ministerio de Cultura. Entonces, no está el contexto para hacer una hazaña como tal. Tal vez cuando esto de la situación nacional esté más estable yo creo que podríamos tener ese tipo de cosas, ese tipo de eventos y complementarlos con un taller o exposición, una conferencia de lo que es la guitarra por dentro, la acústica, y también lo que es ejecución musical con algunos maestros que están usando guitarras Falcón, que usan buenas guitarras, y que estarían prestos para este tipo de exposiciones.

Enrique, por la repercusión internacional que tienen, ¿a dónde han sido invitados, a qué festival o feria de otros países?

Desde hace tres años consecutivos venimos siendo invitados por una feria muy conocida en Italia: Armadillo Club. Y bueno, por motivos de logística y económicos —vino también lo del abuelo que falleció hace casi dos años ya y unas cosas que reestructurar— no ha sido posible asistir a estas ferias internacionales que reúnen más de 120 firmas tradicionales, tanto artesanales como industriales, que se congregan cerca de seis días entre septiembre y octubre, pero es una meta, un objetivo al próximo año poder asistir.

También recuerdo que Don Abraham decía que no tenía herederos, decía que el heredero sería quien hiciera bien el trabajo. ¿Tú te sientes ya un heredero?

No. definitivamente no porque, como te comentaba, en este tipo de trabajo tienes que saber desde barrer la viruta, comprar maderas, seleccionar, secarlas, conseguir tus herramientas, hasta tener una técnica indiscutible en construcción. Es complejo. Como te digo, el tiempo lo dirá. Me gustaría, pero es un reto bastante grande que todavía no he alcanzado.

Enrique ¿Tú has estudiado música?

Toqué guitarra en el Museo de la Nación, cursos básicos, con el profesor Pepe Torres, teoría musical más que todo. Pero no trascendí porque no era el fin, no había una satisfacción. En cambio, cuando empecé a visitar a mi abuelo… Es como si conocieras —hablo del trabajo— al amor de tu vida. Sabes que siempre ha estado ahí, la conoces y te enamoras de eso, te enamoras de esa profesión. Fue algo así.

¿Tú mismo te has construido una propia guitarra?

¿Para mí? No.

Ah, qué curioso.

Como decía mi abuelo: las guitarras son como hijas en realidad y, las hijas, pues, tienen que llegar a alguien que las valore, que en este caso es el músico. Que venga, las valore y las sepa querer.

¿Es común que un lutier no sea músico? ¿Conoces casos?

Sí, claro. Aunque dicen, en Ayacucho, por ejemplo, que el que la toca la hace y el que la hace la toca. Pero ¿qué pasa? Que para el tema de la construcción necesitas, te comento algunos detalles. Yo sentía cuando tocaba la guitarra —y dejé de tocarla— y comencé en el tema de la construcción, que la mano se me ponía dura, los dedos duros, la mano más tosca. Entonces, es difícil tener una mano ágil para la ejecución y a la vez ágil para construcción. Es muy complicado. Ahora, mi abuelo también decía: “yo no la toco, imposible, te afino la guitarra y te la entrego y ahí nomás queda” porque necesitas un tema de especialización en eso. Bueno, en Ayacucho de repente sí lo hay, no sé si al cien por ciento desarrollados en ambas aptitudes. Pero no, no me gustaría tocar y hacer a la vez. Creo que una sola cosa esta bastante bien.

¿Tienes otros hermanos que muestren interés en este camino?

Sí, dos, pero están chiquillos todavía. Yo entré a la edad de 19 años, para empezar a conocer un poco. Mis hermanos tienen 22, 19. Por ahí que siguen la parte de la gestión, o una que otra cosa, por las carreras que estudian, muy similares a lo que se puede llevar contabilidad y esas cosas. Pero en el tema de la construcción todavía. Yo creo que de repente con el pasar de los años les va a surgir el llamado, “la sangre llama a la sangre”. Y por ahí también dan la mano acá en el taller en las cosas que uno día a día hace.

¿Solamente hacen guitarras?

No. En realidad, todo tipo de instrumentos de cuerda, cordófonos rasgueados como la guitarra, el charango, las bandurrias españolas, laúdes, mandolinas cusqueñas, bajos acústicos. Sin embargo, el principal objetivo de nuestra producción es la guitarra.

 

Parte interna de una bandurria de la marca Guitarras Falcón.

Parte interna de una bandurria de la marca Guitarras Falcón. Foto: Jorge Fernández.

 

¿Y la construcción de la bandurria, o por ejemplo del charango, parten de esa misma estructura que utilizan en la guitarra?

Sí y no. Sí porque hay similitud de la estructura interna. Y no porque como puedes ver las dimensiones y formatos son diferentes de la guitarra; entonces, hay que acomodar, hay que ajustar, ciertos detalles para que esta sea completa y pueda tener la acústica debida. Por ejemplo, se me ocurre ponerle siete espinetas a una guitarra, que es lo que nosotros ponemos generalmente, y ¿ponerle siete a un charango? El espacio es medio complicado, entonces ajustamos dependiendo de la calibración y todo lo demás y las medidas, hacemos una estructura ajustada.

Son versiones de…

Exactamente. Partimos siempre de la premisa de una estructura interna unificada.

La gente siempre relaciona Falcón y música criolla.

Sí. Créeme que el tema de que Falcón se relacione con la música criolla es porque en los años setenta —tú sabes— fue el boom de la música criolla. Entonces, mi abuelo estuvo a la par con los grandes exponentes de la música: Carlos Jaires, Oscar Avilés, Pepe Villalobos, el señor Adolfo Zelada. Entonces, todos los grandes criollos, prácticamente mi abuelo andaba con ellos. Entonces, mucho del apego de la guitarra Falcón hacia la música criolla se plasmó, pues, como uno solo. Créeme las guitarras que hacemos, es para todo tipo de música; tanto para la música clásica, como para la música flamenca, música internacional, folclore peruano, nuestros huaynos, nuestra música costeña y música afroperuana, en todas sus manifestaciones. Entonces, yo creo que esa terminología en la actualidad deberíamos tratar de enfocarla diferente en el mercado porque mucha gente dice “no, para una canción criolla, Guitarras Falcón”, pero no es tan cierto que digamos. Créeme que nuestras guitarras dan la talla en cualquier tipo de música y en cualquier escenario.

Me comentabas que las piden bastante para Europa, ¿no?

Sí, hemos tenido esa tendencia, para música internacional y clásica.

Pensé que las habías visto en música nórdica…

Sí, también. Casualmente, uno de nuestros últimos clientes nos envió un vídeo tocando música de esa zona. Y la guitarra se luce, no tiene nada que perder el músico.

Aparte de la anécdota que has contado anteriormente en una entrevista, que a Óscar Avilés le regalaron una guitarra cuando estaba deprimido, ¿qué otra anécdota puedes recordar?

Yo creo que algo entre positivo y gracioso fue una vez que estábamos con mi abuelo en el taller —yo ya tenía cierto conocimiento de algunas cosas—. Él cuando hablaba se refería al nivel de evolución que tiene un maestro, por lo general empiezas como aprendiz, él decía “la práctica hace la experiencia, la experiencia hace la técnica, la técnica la maestría y la maestría la ciencia”. Él decía que los constructores de guitarras que tienen esa trayectoria son científicos por todas las ciencias que involucra —matemática, física, metafísica—. Entonces, yo de gracioso le pregunté: “oye, pa, ¿y en qué categoría me encuentro yo de ahí”, o sea medio chacotero, y él me dice “¿tú?, tú estás hasta las h…”. (Risas).

Entonces, ya se paró, se comenzó a reír y me dijo “ya, ponte a trabajar”. Eso es un poco de esas convivencias que uno tenía con él, ¿no? Se portaba un día como un maestro y al día siguiente, como un padre o como un amigo; te sabía escuchar. Entonces, todas esas cosas uno valora. De una persona longeva, de 90 años, tienes mucho que aprender, pues, lo único que te queda es escuchar y aprender.

¿Tú padre sí se considera un lutier?

Créeme que tampoco. Mi papá a pesar de que está desde los 18 años aquí con mi abuelo, y de todo lo que ha aprendido, no es de esa tendencia. Simplemente somos hacedores de instrumentos, constructores de instrumentos, y el tiempo dirá si ese nivel se sigue manteniendo, si lo superamos. Yo creo que somos de la misma línea tanto con mi abuelo como con mi papá. Somos de perfil bajo, que el instrumento hable solito, y no hacer mucho aspaviento.

En la web de Guitarras Falcón hay una sección que dice Reconocimientos. He contado cerca de 24 reconocimientos. ¿Hay más que esos?

Uy, sí. Teníamos un cuarto repleto. Imagínate cuatro paredes de reconocimientos de mi abuelo. Sí, solo se han subido algunos, incluso la página web está en mantenimiento, no está tan activa. Pero sí, pues, el abuelo tiene reconocimientos desde creo que el más antiguo es del año 1959, cuando él sale de Ica. Él estuvo en el Sindicato Nacional de Músicos de Ica y ahí le expiden el primer reconocimiento como Constructor y Reparador de Instrumentos de aquella época. Ya, bueno, aquí en Lima viene todo lo demás, las municipalidades, la metropolitana, a nivel nacional. Cuando viajó a las provincias a dictar cursos, el INC —en esa época, que es hoy es el Ministerio de Cultura— le brindaba los reconocimientos. Y así un montón de entidades.

Cuéntame un poco de los procesos. Yo había leído que sus procesos podían durar de 45 a 60 días. ¿Siguen manteniendo este periodo de tiempo o han desarrollado técnicas que permiten una agilización del proceso?

Sí, más que todo, la demora, por así decirlo, es en el tema de conseguir los materiales, los insumos. Por lo general hay que importarlos y la importación demora dependiendo de cómo viene el envío; hay que tratar la madera porque no viene seca y en el invierno, con este clima, es imposible mantener una humedad del 18% pues la humedad ahorita es del 85% tal vez a nivel de Lima. Entonces, es complicado con todas esas variables que no podemos dominar, hablar de reducir los tiempos. Obviamente en el tema de maquinarias sí lo tenemos. Los cortes, los cepillados, sí los tenemos a nuestros tiempos, según nuestros plazos de construcción, pero todas estas variables que a veces es complicado manejar no nos ayudan mucho a reducir el tiempo. Hacer una guitarra o un lote de cuatro guitarras que es, por lo general, lo que se hace nos toma 15 días, pero la habilitación de esos materiales por lo menos unos 5 días si es que están secos, que son 20; terminado, laqueado, poner trastes y puente, unos 10 días más, ahí son 30; y mantenerlas en un periodo de estadía, estacionadas, unos 5 días, hasta 40 se nos va. Recién en 40 días un instrumento sale a la venta, sale a vitrina y ahí comienza a madurar. Madura, madura, si es que lo compran e igual si es que no lo compran hasta que también. Ahí en la vitrina, parece mentira, pero van madurando los instrumentos, van ganando sonoridad y sobre todo se van a acomodando.

Enrique, cuéntame de las almas en las guitarras. ¿Ustedes las usan?

Nosotros en realidad no consideramos, para las guitarras clásicas, el uso del alma o este metal dentro del diapasón, nosotros consideramos que la dureza de la madera, tanto para el mástil como el diapasón, debe ser suficiente para soportar la tensión de las cuerdas como  la variación de temperatura y latitud. Entonces si hablamos de una madera sólida, no debería tener problemas la guitarra de arquearse, ni descalibrarse, nosotros hemos tratado de mantener calibrado todo de manera adecuada para que esta soporte a todo nivel.

 

Hornilla encendida en taller de Guitarras Falcón para mantener una adecuada temperatura en el ambiente.

Hornilla encendida en taller de Guitarras Falcón para mantener una adecuada temperatura en el ambiente. Foto: Jorge Fernández.

 

En este ambiente hay una hornilla prendida, ¿qué función cumple?

Para el tema de tempratura, de mantener la humedad relativa baja, para que las maderas sequen apropiadamente, mantenerlas estandarizadas y aptas para construcción estamos a 24 grados aproximadamente y con una humedad no mayor a 60%.

Enrique ¿Utilizan maderas autóctonas? —porque me dices que solamente importan—.

En realidad, para nuestra línea más económica, que son las guitarras tipo Estudio y tipo Export-Peña, utilizamos entre el ochenta y cien por ciento de materiales peruanos como el cedro de Iquitos, la caoba, la moena, el nogal, el lupuma, utilizamos el pino radiata o pino andino, utilizamos también ishpingo, jaspe culebra; tenemos una gama grande de materiales peruanos, pero hay un pequeño problema. A nivel nacional no tenemos criaderos, no tenemos sembradíos que reestructuren en corte de la madera, te la traten y te la vendan en cortes. Esa es un poco la desventaja que tiene el Perú frente a otros mercados como, por ejemplo, Europa o América del Norte que sí te venden así, ya en corte.

O sea, están ya secados, a la medida del instrumento. En cambio, en Perú tenemos que conseguir la madera así, por ejemplo, para los aros, gruesa, sin cepillar, y nos quita tiempo y el tiempo es costo. Entonces, es una gran desventaja del material peruano, pero sí lo utilizamos por una cuestión de economizar nuestros dos primeros modelos.

¿Y esos modelos desde cuánto están?

Mira, el más económico, que es el tipo Estudio, está 650 soles y la inmediata superior, la Export-Peña, en 980, que son de la línea más económica. La Semi-profesional está 1500, Profesionales entre 1900 y 3200 soles y la Clásica de Concierto que te comentaba en 5 000 dólares, que es la elitte de la producción.

Ya para ir cerrando la entrevista ¿Qué proceso es el que más te gusta?

Créeme que lo más lindo es cuando se va armando la guitarra. La habilitación, el poner las barras, todo, es ya medio que ya conocido, pero el tema de estructurar los aros. A ver, te voy a comentar algo para que me entiendas. En una guitarra vamos armando primero el mástil, luego viene la tapa armónica, luego vienen los aros y viene el respaldo. Entonces, uno trabaja así el instrumento, volteado, y lo tienes que ir armando como te digo. Esa parte es bastante interesante porque ahí tienes que ver el tema de las medidas, la unificación, el la curvatura, la calibración, lo que te decía. (Enrique da unos golpecitos en la caja de resonancia). Todos esos detalles del armado yo creo es lo más interesante, lo que a uno más le emociona.

Suena como una conguita, eh.

Exacto, una conga. Uno de los músicos que conozco que han usado la guitarra como elemento percutivo también es Melcochita, por ejemplo, sonero por naturaleza.

Foto de portada: Jorge Fernández.